Infografía: Pasteurelosis en el Cerdo Ibérico de Dehesa

PASTEURELOSIS PORCINA

La Amenaza Silenciosa en la Dehesa

La principal causa de muertes súbitas en cerdos de montanera aparentemente sanos es una bacteria oportunista:

Pasteurella multocida

Actúa cuando las defensas del animal bajan, convirtiéndose en un enemigo letal que ataca desde dentro.

CONOCE AL ENEMIGO: DOS CARAS DE LA MISMA ENFERMEDAD

FORMA AGUDA

Rápida y letal. La principal causa de bajas imprevistas.

  • Muerte Súbita: Animales sanos por la mañana, muertos por la tarde.
  • Fiebre Alta: Supera los 40-41°C.
  • Neumonía Grave: Respiración abdominal, rápida y con dificultad.
  • Cianosis: Color azulado en orejas y hocico.

FORMA SUBAGUDA

Crónica y debilitante. Afecta la rentabilidad.

  • Tos Persistente: El síntoma más evidente y continuo.
  • Pérdida de Peso: Los animales no prosperan y se quedan atrás.
  • Descarga Nasal: Secreción mucosa constante.
  • Menor Actividad: Apatía y debilidad general.

LA TORMENTA PERFECTA: ¿POR QUÉ SE DESATA EL BROTE?

stressors

FACTOR ESTRÉS

(Calor, Manejo)

🐗

FAUNA SALVAJE

(Jabalíes)

🦠

OTROS PATÓGENOS

(PRRS, Gripe)

🐖

CERDO VULNERABLE

= BROTE DE PASTEURELOSIS

La bacteria ataca cuando el sistema inmune del cerdo está debilitado por uno o más de estos factores.

CALENDARIO DE RIESGO

La enfermedad tiene dos picos anuales muy definidos, coincidiendo con los momentos de máximo estrés en la dehesa.

EL RETO DE LAS VACUNAS

¿Por qué las vacunas comerciales a menudo fallan?

🧬

CEPA A

🧬

CEPA B

🧬

CEPA C

La bacteria tiene una enorme variabilidad antigénica (múltiples serotipos). Una vacuna para una cepa no protege contra otra. La cepa de la vacuna casi nunca coincide con la que está circulando en la finca.

PLAN DE DEFENSA INTEGRAL

La protección no viene de una sola acción, sino de la combinación de estrategias. La prevención es la mejor herramienta.

🛡️BIOSEGURIDAD

  • - Doble vallado perimetral.
  • - Proteger puntos de agua y comederos.
  • - Gestión correcta de cadáveres.
  • - Control de accesos de vehículos.

🧘MANEJO DEL ESTRÉS

  • - Proporcionar sombra y charcas en verano.
  • - Manejo tranquilo, sin gritos ni golpes.
  • - Adaptación gradual a cambios.
  • - Evitar altas densidades.

🍎NUTRICIÓN E INMUNIDAD

  • - Garantizar agua limpia y abundante.
  • - Suplementar con Vitamina E y Selenio.
  • - Uso de prebióticos para salud intestinal.
  • - Dieta equilibrada y de calidad.

📡VIGILANCIA Y ACCIÓN

  • - Observación diaria del rebaño.
  • - Aislamiento rápido de animales enfermos.
  • - Tratamiento antibiótico siempre con antibiograma.
  • - Necropsia para confirmar la causa de muerte.

Estudio completo

 

I. Pasteurolosis

La pasteurelosis, una enfermedad infecciosa causada principalmente por la bacteria Pasteurella multocida, representa un desafío significativo para la producción de cerdo ibérico en extensivo, especialmente en las dehesas de Salamanca y Extremadura. Caracterizada por neumonías graves y en ocasiones, muertes súbitas, esta patología se manifiesta con particular virulencia en los meses de junio y septiembre. El presente estudio profundiza en la etiología de la enfermedad, su compleja epidemiología en el entorno de la dehesa marcada por la interacción con la fauna salvaje y los factores de estrés estacionales y las limitaciones inherentes a las estrategias de inmunoprofilaxis actuales. Se proponen soluciones integrales que abarcan desde medidas de bioseguridad adaptadas al sistema extensivo y el manejo del estrés animal, hasta la optimización nutricional y el uso prudente de tratamientos antimicrobianos. El objetivo es proporcionar una guía clara y práctica para ganaderos y profesionales del sector, que permita minimizar el impacto de la pasteurelosis y salvaguardar la salud y la rentabilidad de las explotaciones de montanera.

II. Introducción: El ecosistema de la dehesa y el cerdo ibérico

La dehesa, un paisaje agroforestal único del suroeste de la Península Ibérica, es el corazón de la producción del cerdo ibérico de montanera, especialmente en regiones como Salamanca y Extremadura. Este ecosistema mediterráneo se distingue por sus árboles dispersos, principalmente encinas y alcornoques, que coexisten con pastos y hierbas, creando un suelo fértil a partir de la descomposición de materia orgánica y la actividad animal. La cría de cerdos en este entorno no solo es una práctica tradicional, sino que también contribuye activamente a la conservación de la dehesa, al controlar la vegetación y fertilizar el suelo con sus excrementos.  

El ciclo productivo del cerdo ibérico culmina en la montanera, una fase crucial que se extiende de octubre a febrero, pudiendo prolongarse hasta marzo, dependiendo de la disponibilidad de bellotas. Durante este periodo, los cerdos se alimentan de bellotas y otros recursos naturales como raíces, setas y hierbas, lo que es esencial para su engorde y para conferir a la carne las características organolépticas que la hacen tan apreciada, destacando su alto contenido en ácido oleico. La importancia económica y cultural de este sector es innegable, con una gran demanda de jamón ibérico de bellota en el mercado, cuya calidad está directamente ligada al manejo en montanera y el ejercicio que realizan los animales en este entorno.  

El entorno de la dehesa, si bien ofrece beneficios inherentes al bienestar animal, como la libertad de movimiento y una dieta natural, también presenta desafíos únicos para la sanidad del ganado. Esta apertura expone a los animales a factores que no se encuentran en sistemas intensivos, como el contacto directo con la fauna salvaje y la exposición a condiciones ambientales extremas. Estos elementos, aunque intrínsecos al sistema, pueden convertirse en predisponentes para enfermedades oportunistas como la pasteurelosis. Por lo tanto, la gestión sanitaria en la dehesa no puede replicar los modelos de granjas intensivas; debe basarse en un equilibrio dinámico, aprovechando los beneficios del entorno natural mientras se implementan estrategias específicas para mitigar los riesgos asociados a la interacción con la fauna y las variaciones climáticas. La bioseguridad, en este contexto, se convierte en un concepto de «bioexclusión» y gestión de riesgos, más que de aislamiento total.  

III. La pasteurelosis porcina: Un desafío oportunista

El agente causal: Pasteurella multocida

Pasteurella multocida es una bacteria Gram-negativa, cocobacilar, que se encuentra comúnmente en el tracto respiratorio superior de los cerdos como parte de su flora habitual. Sin embargo, bajo ciertas condiciones, esta bacteria se convierte en un patógeno oportunista, lo que significa que rara vez causa enfermedad por sí misma, sino que requiere de factores predisponentes o de la presencia de otros patógenos para manifestarse clínicamente.  

La bacteria se clasifica en diferentes serotipos capsulares (A, B, D, E, F) y somáticos (1-16), y esta diversidad antigénica es un factor clave en su comportamiento patogénico. El tipo capsular A es el más frecuentemente asociado con la neumonía en porcino. Por otro lado, el tipo B (y en menor medida el E) se ha relacionado con brotes de septicemia hemorrágica en cerdo ibérico extensivo, un proceso poco frecuente en sistemas intensivos pero que puede tener graves consecuencias en la dehesa. El serotipo D es conocido por su asociación con la rinitis atrófica.  

Signos clínicos y lesiones

La pasteurelosis puede presentarse de forma aguda o subaguda, con variaciones en la gravedad de los síntomas y el curso de la enfermedad:

  • Forma Aguda: Se caracteriza por una neumonía grave aguda, acompañada de fiebre alta (40-41.1°C), descargas nasales, respiración acelerada y dificultosa (disnea, respiración abdominal), y tos. En esta forma, la cianosis de las extremidades (orejas, hocico, cola) puede ser evidente. Lamentablemente, la forma aguda se asocia con una alta mortalidad, a menudo manifestándose como muerte súbita de cerdos aparentemente sanos, con posible descarga nasal sanguinolenta en algunos casos.  

  • Forma Subaguda: La neumonía es menos grave pero frecuentemente se complica con inflamación del pericardio (pericarditis) y pleuritis. Los animales afectados presentan tos persistente, descargas nasales, y emaciación o pérdida progresiva de peso. Aunque la mortalidad es menor que en la forma aguda, sigue siendo un factor de preocupación. Otros signos clínicos que pueden observarse incluyen anorexia (pérdida de apetito), debilidad general, dificultad para caminar o incoordinación, y dolor pleurítico.  

Las lesiones post-mortem son cruciales para el diagnóstico presuntivo. En el sistema respiratorio, se observa predominantemente neumonía (exudativa, fibrinosa, bronconeumonía), áreas atelectásicas (colapsadas) en los lóbulos pulmonares, y pleuritis fibrinosa o serosa con adherencias. A nivel cardíaco, puede haber pericarditis serosa o fibrinosa, y en algunos casos, endocarditis con un corazón aumentado de tamaño. En la forma septicémica, son frecuentes los edemas subcutáneos, especialmente en la región submandibular y el pecho, y hemorragias petequiales o equimóticas generalizadas en diversas localizaciones, particularmente en las superficies serosas.  

A continuación, se presenta una tabla que resume las manifestaciones clínicas y lesiones post-mortem de la pasteurelosis porcina, una herramienta fundamental para el ganadero y el veterinario de campo, que permite una identificación rápida de la enfermedad y una intervención más ágil.

Diagnóstico confirmatorio

El diagnóstico de la pasteurelosis se basa en la observación de los signos clínicos característicos en los animales y de manera crucial, en los hallazgos de necropsia. La confirmación definitiva de la enfermedad se obtiene mediante el aislamiento de Pasteurella multocida a partir de las lesiones pulmonares. Para ello, se pueden tomar muestras de pulmones o hisopos nasales.   

Una vez aislada la bacteria, la realización de un antibiograma es de vital importancia. Esta prueba determina la sensibilidad de la cepa aislada a los diferentes antibióticos, lo que permite seleccionar el tratamiento más adecuado y evitar el desarrollo de resistencias. Las pruebas moleculares, como la PCR, también son herramientas útiles para la identificación y tipificación de cepas de P. multocida. Es importante considerar que el tratamiento previo con antibióticos puede dificultar el crecimiento bacteriano en el cultivo.   

IV. Epidemiología en la dehesa: Factores predisponentes y estacionalidad

Interacción con la fauna salvaje

La dehesa, por su naturaleza como sistema de producción extensivo, facilita el contacto entre el ganado porcino y la fauna silvestre. El jabalí (Sus scrofa) es de particular importancia en este contexto, dado que es la misma especie que el cerdo doméstico y por ende, comparte todos sus patógenos, incluyendo Pasteurella multocida. Los jabalíes son reservorios conocidos de patógenos respiratorios relevantes como Mycoplasma hyopneumoniae, PRRSV e influenzavirus porcino, además de Pasteurella multocida. De hecho, la presencia de lesiones neumónicas en jabalíes se ha vinculado con infecciones por M. hyopneumoniae, Haemophilus parasuis y P. multocida.   

La transmisión de patógenos entre la fauna salvaje y los cerdos de montanera puede ocurrir por vías directas o indirectas. El contacto directo puede darse en sistemas de baja bioseguridad o si los jabalíes son atraídos a las fincas por la presencia de alimento o hembras en celo. Las vías indirectas, sin embargo, son más comunes y se producen a través de puntos de agua o comederos compartidos. La densidad de jabalíes en una zona determinada puede influir directamente en la prevalencia de ciertos patógenos. Además de los jabalíes, otras especies de fauna silvestre, como carnívoros domésticos y silvestres, aves y rumiantes, también pueden compartir patógenos con los cerdos, incluyendo Pasteurella.   

La coexistencia de cerdos ibéricos con la fauna salvaje en la dehesa no es una situación excepcional, sino una característica inherente al sistema. La información disponible confirma que los jabalíes, al ser genéticamente idénticos a los cerdos domésticos, son portadores de P. multocida y otros patógenos que predisponen a la pasteurelosis. Esta realidad establece una conexión epidemiológica directa y constante, donde la transmisión a través de puntos de agua y alimento compartidos es un mecanismo clave. Por lo tanto, en las fincas de dehesa, la bioseguridad no puede limitarse a las medidas internas de una granja confinada; debe integrar activamente la gestión de la interfaz con la fauna silvestre. Esto significa que la prevención de la pasteurelosis no solo depende del manejo de los cerdos, sino también de la minimización del contacto con los jabalíes y otros animales silvestres en los puntos críticos de la finca, lo que representa un desafío continuo que requiere soluciones adaptadas al paisaje.  

El Impacto de la estacionalidad: Brotes en junio y septiembre

La pasteurelosis es una enfermedad oportunista que requiere de factores predisponentes para manifestarse clínicamente.El estrés, ya sea por destete, transporte, hacinamiento o condiciones ambientales inadecuadas como ventilación deficiente, humedad y temperaturas altas, es un factor clave que compromete la inmunidad de los animales y favorece la aparición de la enfermedad.  

Junio: Estrés Calórico y Verano

Los cerdos son particularmente sensibles a las altas temperaturas ambientales debido a su elevada producción de calor metabólico, su rápido crecimiento y la ausencia de glándulas sudoríparas funcionales, lo que les dificulta disipar el calor.El cerdo ibérico, con su gruesa capa de grasa, puede ser incluso más susceptible al estrés por calor. Durante los meses de verano, especialmente en junio, las temperaturas en las principales zonas porcinas de España (Salamanca y Extremadura) oscilan entre 31°C y 36°C de media, superando con creces la zona de confort de los cerdos, que se sitúa entre 18°C y 25°C.  

El estrés por calor tiene múltiples efectos negativos: reduce el consumo de alimento, disminuye la productividad, afecta la fertilidad, aumenta la susceptibilidad a enfermedades y en casos extremos, incrementa la mortalidad. Además, el estrés térmico puede deprimir el sistema inmune de los cerdos. Estas condiciones de inmunosupresión y estrés fisiológico crean un ambiente ideal para que Pasteurella multocida, un patógeno oportunista, cause brotes agudos y severos en el rebaño.

Septiembre: Transición y Estrés de Montanera

Aunque la montanera se asocia principalmente con los meses de otoño e invierno (octubre a febrero/marzo) , la ocurrencia de brotes en septiembre sugiere un vínculo con la fase de pre-montanera o el inicio temprano de la montanera. Durante este periodo, los cerdos pueden ser sometidos a diversos factores de estrés relacionados con el manejo: transporte, reagrupamiento o mezcla de animales, y adaptación a un nuevo entorno o cambios en la alimentación. El transporte, en particular, es considerado un momento crítico que puede generar altos niveles de estrés. Cualquier proceso que genere estrés, como el ayuno prolongado o un manejo inadecuado, puede aumentar la susceptibilidad de los animales a las infecciones. Estos factores de estrés comprometen la inmunidad del cerdo, creando una ventana de oportunidad para que patógenos oportunistas como Pasteurella multocida causen enfermedad.

La recurrencia de brotes en junio y septiembre no es aleatoria, sino que obedece a una compleja interacción de factores. Junio coincide con el pico de estrés calórico en la dehesa, lo que directamente compromete la inmunidad de los cerdos. Septiembre, por su parte, es un mes de transición crucial, donde los cerdos son movilizados, reagrupados y se adaptan a nuevos pastos o dietas antes de la entrada formal a la montanera. Estos cambios de manejo inducen estrés fisiológico, que a su vez debilita el sistema inmune, haciendo a los animales más vulnerables a la pasteurelosis. La comprensión de esta sinergia entre el clima y el manejo es vital para implementar estrategias preventivas efectivas y específicas para cada estación.

Enfermedades Concomitantes Pasteurella multocida es un patógeno secundario frecuente que causa neumonía como complicación de otras infecciones respiratorias primarias. Entre los patógenos primarios más comunes que predisponen a la pasteurelosis se encuentran virus como el Síndrome Respiratorio y Reproductivo Porcino (PRRSV), el virus de la Gripe Porcina (Influenza) y el virus de Aujeszky. También bacterias como Mycoplasma hyopneumoniae, Bordetella bronchiseptica y Haemophilus parahaemolyticus.   

La pasteurelosis, en este contexto, no actúa de forma aislada, sino que forma parte de un «complejo respiratorio» más amplio, donde su patogenicidad se potencia por la presencia de otras enfermedades que debilitan el sistema respiratorio o comprometen la inmunidad del cerdo. Por ello, el control de estos patógenos primarios es fundamental para minimizar la necesidad de uso de antibióticos y reducir la incidencia de pasteurelosis. Un programa de control efectivo contra la pasteurelosis no puede centrarse únicamente en esta bacteria; es imperativo abordar la salud respiratoria del rebaño de manera integral, incluyendo la vigilancia y el control de los patógenos virales y bacterianos primarios que actúan como «puertas de entrada». Esto podría implicar programas de vacunación contra estos agentes primarios y un manejo que reduzca la exposición a factores estresantes que comprometan la inmunidad respiratoria.  

A continuación, se presenta una tabla que detalla los factores de estrés y su relación con los brotes estacionales de pasteurelosis en la dehesa. Esta tabla es crucial para los ganaderos y veterinarios, ya que organiza la compleja interacción entre el clima, el manejo y la fisiología del cerdo ibérico, permitiendo identificar los momentos de mayor riesgo y los factores específicos sobre los que se puede actuar para prevenir los brotes.

V. Desafíos en la inmunoprofilaxis: ¿Por qué las vacunas no son siempre eficaces?

Las vacunas contra Pasteurella multocida han mostrado una eficacia limitada en el pasado. A pesar de la existencia de vacunas comerciales que ofrecen cierta protección, los brotes de pasteurelosis continúan reportándose en poblaciones vacunadas. Esta situación plantea interrogantes sobre la capacidad de las herramientas inmunoprofilácticas actuales para proporcionar una protección robusta y duradera.  

Una de las principales razones de esta limitación radica en la variabilidad antigénica de P. multocida. La bacteria se clasifica en cinco serogrupos capsulares (A, B, D, E, F) y dieciséis serotipos somáticos (1-16). Esta diversidad antigénica es un desafío significativo para el desarrollo de vacunas eficaces, ya que una vacuna diseñada para un serotipo o cepa específica puede no ofrecer protección cruzada contra otros, especialmente las cepas «de campo» que evolucionan rápidamente. Por ejemplo, estudios en ratones han demostrado que la protección cruzada entre cepas del serogrupo A es pobre, mientras que en el serogrupo D puede ser más efectiva. Además, la evolución de cepas autóctonas y la rápida adaptación de P. multocida a los cambios ambientales también contribuyen a la ineficacia de las vacunas existentes.   

La complejidad de los mecanismos de patogenicidad de P. multocida a nivel molecular también dificulta el diseño de antígenos vacunales que induzcan una respuesta inmune amplia y duradera. La cápsula bacteriana, por ejemplo, es un factor de virulencia clave que ayuda a la bacteria a evadir el sistema inmune del hospedador.  

En cuanto a los avances y retos en el desarrollo de nuevas vacunas, se han explorado diversas aproximaciones:

  • Bacterinas (células inactivadas): Son las vacunas más comunes, a menudo formuladas con adyuvantes como hidróxido de aluminio o aceite mineral para potenciar la respuesta inmune. Sin embargo, si bien pueden reducir el nivel de colonización bacteriana, no eliminan completamente la bacteria ni previenen la reinfección.  

  • Toxoides: La toxina de P. multocida (PMT) es un factor de virulencia importante, especialmente implicado en la rinitis atrófica. Se ha demostrado que una toxina PMT modificada genéticamente, que conserva su inmunogenicidad pero carece de toxicidad, es una candidata prometedora para nuevas vacunas contra la rinitis atrófica. Las vacunas basadas únicamente en el toxoide ofrecen protección específica contra la acción de la toxina.  

  • Vacunas Vivas Atenuadas: Aunque pueden inducir una buena protección, a menudo es incompleta y existe el riesgo de que las cepas vacunales, al estar solo parcialmente atenuadas, conserven cierta patogenicidad.  

  • Autovacunas: Estas vacunas se elaboran a partir de la bacteria patógena específica aislada de cerdos enfermos en una granja particular. Son una opción valiosa en brotes graves donde las vacunas comerciales no son efectivas o no están disponibles, y su uso siempre debe ser consultado y supervisado por un veterinario.  

  • Vacunas de Subunidades y ADN: La investigación actual se enfoca en la identificación y expresión de proteínas de membrana externa (OMPs) como OmpH o fragmentos de la toxina PMT (N-PMT). Estas estrategias buscan inducir una respuesta inmune protectora y han mostrado resultados prometedores en modelos experimentales. No obstante, la expresión y purificación de estas proteínas puede ser un proceso costoso.  

El principal obstáculo para desarrollar una vacuna universalmente eficaz contra Pasteurella es su asombrosa variabilidad antigénica y su capacidad de adaptación. Una vacuna diseñada para un serotipo o cepa específica puede no ofrecer protección contra otros, especialmente las cepas «de campo» que evolucionan rápidamente, lo que resulta en una inmunidad a menudo muy específica y no «cruzada». Esta complejidad, sumada a la limitada comprensión de los mecanismos de patogenicidad de P. multocida a nivel molecular, dificulta el diseño de antígenos vacunales que induzcan una respuesta inmune amplia y duradera. Por lo tanto, las estrategias de control no pueden depender exclusivamente de la vacunación. Es fundamental complementar la inmunoprofilaxis con medidas de manejo y bioseguridad que reduzcan la exposición y los factores predisponentes. En la práctica, esto a menudo lleva a la necesidad de vacunas autógenas, adaptadas a las cepas circulantes en una finca específica, o a una combinación de vacunas comerciales y un control riguroso de los patógenos primarios que abren la puerta a la Pasteurella.

VI. Estrategias integrales de prevención y control en fincas de dehesa

La gestión de la pasteurelosis en el cerdo ibérico de montanera requiere un enfoque integral que combine medidas de bioseguridad, manejo del estrés, nutrición y protocolos de tratamiento, adaptados a las particularidades del sistema extensivo de la dehesa.

Bioseguridad Adaptada al Entorno Extensivo

La bioseguridad es un conjunto de medidas preventivas esenciales para reducir el riesgo de introducción y transmisión de enfermedades. En la dehesa, estas medidas deben ser específicas para el sistema extensivo y su interacción con el medio ambiente y la fauna silvestre.  

  • Control de acceso (Animales, Personas, Vehículos):

    • Animales: Es fundamental implementar un estricto control de los movimientos de animales. La introducción de animales de reposición debe ir precedida de una cuarentena de 40 a 60 días en un espacio aislado, con un chequeo sanitario exhaustivo a la llegada. Siempre que sea posible, se recomienda adquirir cerdos de una única fuente y de edades similares.  

    • Personal y visitas: El personal de la granja debe utilizar ropa y calzado específicos, limpios y lavados después de cualquier exposición a cerdos. Se aconseja la implementación de duchas a la entrada y salida de las instalaciones. El acceso debe restringirse a personas esenciales, y se debe mantener un registro detallado de todas las visitas.  

    • Vehículos y equipos: Se deben establecer puntos de limpieza y desinfección (C&D) para todos los vehículos y equipos que ingresen a la finca. Es crucial designar áreas de estacionamiento fuera de la zona de producción para evitar la contaminación por lodo o estiércol. Los materiales que salgan de la explotación deben ser transportados en doble bolsa hermética para su desinfección.  

  • Gestión de la fauna salvaje (Prioridad en dehesa):

    • Vallados: La instalación de vallados perimetrales robustos es esencial para prevenir la entrada de animales silvestres. Se recomienda un doble vallado: una primera barrera fuerte (por ejemplo, una malla cinegética bien anclada al suelo) y una segunda barrera interior (a unos 5 metros de la primera) que idealmente cuente con una base de hormigón o ladrillo y una valla metálica. El espacio entre ambas vallas y sus proximidades debe mantenerse libre de vegetación que pueda atraer a la fauna. Los vallados pueden ser parcialmente enterrados para evitar que los jabalíes escarben por debajo. En los puntos de acceso, se pueden instalar pastores canadienses (fosas con barrotes) que permitan el paso de vehículos y personas, pero no de jabalíes u otra fauna terrestre.  

    • Puntos de agua y comederos: El diseño y la gestión de los puntos de agua y comederos deben minimizar el acceso de la fauna salvaje. Se pueden considerar bebederos selectivos adaptados a los cerdos y aumentar el número de puntos de agua para diluir el riesgo de concentración de animales y patógenos. Asegurar la calidad del agua de bebida mediante análisis periódicos y tratamiento si es necesario es vital. La administración del alimento debe evitar el sistema ad libitum; es preferible administrarlo por la mañana (fuera del pico de actividad de los ungulados silvestres), de forma dispersa y en la cantidad justa para evitar atraer a la fauna.   

    • Manejo de cadáveres y residuos: Es crucial establecer protocolos adecuados para la eliminación rápida y segura de animales muertos, evitando que atraigan a carroñeros y fauna salvaje. Las vísceras y otros restos de caza nunca deben abandonarse de forma accesible a jabalíes o carnívoros, ya que esto perpetúa el ciclo de muchas enfermedades.  

    • Control de plagas: La implementación de programas integrales para el control de roedores, aves e insectos es fundamental. Esto incluye sellar orificios y grietas en las instalaciones, instalar mallas en ventanas y ventilaciones , y mantener una higiene rigurosa para reducir la atracción de plagas.  

La bioseguridad en sistemas intensivos se basa en la exclusión total, pero la dehesa, por definición, implica una interfaz abierta con el entorno natural y la fauna. En este contexto, la bioseguridad se transforma en una estrategia de gestión de riesgos y bioexclusión adaptada. No se trata de eliminar todo contacto, sino de minimizarlo en los puntos críticos (agua, alimento, cadáveres) y a través de barreras físicas inteligentes (vallados enterrados, dobles cercas). Los ganaderos de dehesa deben adoptar una mentalidad de bioseguridad dinámica, reconociendo que la fauna silvestre es un factor epidemiológico constante. Esto implica una inversión en infraestructuras específicas (vallados robustos y bien diseñados), una gestión meticulosa de recursos compartidos y una eliminación de residuos que no atraiga a los animales silvestres. La bioseguridad en dehesa es una inversión en la sostenibilidad y salud a largo plazo del rebaño, adaptándose a las realidades del ecosistema.  

A continuación, se presenta una tabla que resume las medidas de bioseguridad específicas para la dehesa en la prevención de la pasteurelosis, una herramienta práctica y concisa para los ganaderos y gestores de fincas.

Tabla 3: Medidas de bioseguridad específicas para la dehesa en la prevención de pasteurelosis

Área de BioseguridadMedidas Específicas para Dehesa
Control de Acceso (Animales)

– Cuarentena y chequeo sanitario de animales de reposición (40-60 días).  

– Adquisición de animales de fuentes con historial sanitario conocido.  

Control de Acceso (Personas y Vehículos)

– Uso de ropa/calzado específico de la finca.  

– Establecimiento de puntos de limpieza y desinfección (C&D) en accesos.  

– Estacionamiento de vehículos externos fuera del perímetro de producción.  

– Restricción y registro de visitas.  

Gestión de Fauna Salvaje

– Implementación de doble vallado perimetral robusto (malla cinegética, parcialmente enterrado, con base de hormigón si es posible).  

– Eliminación de vegetación atractiva cerca de los vallados. 

– Instalación de pastores canadienses en accesos.  

Manejo de Agua y Alimento

– Diseño de bebederos y comederos que minimicen el acceso de fauna silvestre (ej., bebederos selectivos).  

– Aumento del número de puntos de agua para diluir el riesgo.  

– Administración de alimento en horarios de baja actividad de fauna (ej., mañana) y de forma dispersa.  

– Asegurar la calidad del agua mediante análisis periódicos.  

Gestión de Cadáveres y Residuos

– Eliminación rápida y segura de cadáveres (ej., incineración, hidrólisis, contenedores cerrados fuera del perímetro).  

– Prohibición de abandonar restos de caza accesibles a carroñeros.  

Control de Plagas

– Implementación de programas integrales para roedores, aves e insectos (sellado de orificios, mallas en ventanas, trampas).  

Manejo del estrés y bienestar animal

Minimizar las situaciones de estrés durante la cría, manipulación y transporte es fundamental para reducir la susceptibilidad de los cerdos a enfermedades como la pasteurelosis, ya que el estrés compromete directamente la inmunidad.  

Para mitigar el estrés por calor, especialmente en los meses de verano, es crucial proporcionar sombra natural, aprovechando los árboles de la dehesa, o artificial, mediante la instalación de lonas o sombreaderos. Además, es vital asegurar un acceso constante y abundante a agua fresca y potable, lo cual es esencial para la termorregulación y la hidratación de los animales.  

En cuanto al manejo de transiciones y grupos, se recomienda realizar un manejo gradual, especialmente al inicio de la montanera, para minimizar el estrés de adaptación. Reducir la densidad animal y prevenir peleas y agresiones es importante, ya que estas situaciones aumentan el estrés y la susceptibilidad a enfermedades. Familiarizar a los cerdos con la presencia humana y utilizar técnicas de manejo de bajo estrés, como el uso de tablas de arreo o paletas de sonajero durante las movilizaciones, contribuye significativamente al bienestar animal y a la reducción del estrés.  

Nutrición y refuerzo inmunológico

Una alimentación adecuada y equilibrada es un pilar fundamental para la salud general y la capacidad de respuesta inmunitaria de los cerdos. La dieta en montanera, basada en bellotas, pastos y hierbas, no solo define la calidad del producto final, sino que también aporta nutrientes esenciales, como la vitamina E (tocoferol), que favorece su acumulación en la carne y contribuye a la salud del animal.  

La suplementación estratégica con vitaminas y minerales es importante para mantener un sistema inmune robusto.Además, el uso de ingredientes funcionales como prebióticos y probióticos puede modular positivamente la microbiota intestinal y estimular la inmunidad, contribuyendo a una mayor resistencia a las enfermedades. Los beta-glucanos, por ejemplo, han demostrado la capacidad de mejorar la inmunidad pasiva y la respuesta vacunal. La calidad y disponibilidad del agua son de especial importancia, ya que el agua es fundamental para la digestión, la termorregulación y la eliminación de desechos, influyendo directamente en la salud del rebaño.  

Detección temprana y monitorización

La realización de inspecciones regulares en las explotaciones es esencial para detectar signos tempranos de enfermedad.La observación constante del comportamiento, apariencia y temperamento de los cerdos es crucial, ya que cambios sutiles pueden indicar el inicio de una enfermedad días antes de que aparezcan síntomas evidentes.  

La escala y dispersión de las fincas de dehesa hacen que la observación individual y la detección temprana de enfermedades sean logísticamente desafiantes. Sin embargo, las tecnologías de monitoreo remoto ofrecen una solución para superar estas limitaciones. Los drones, por ejemplo, pueden utilizarse para avistar cerdos y jabalíes en grandes extensiones, facilitando la localización de animales enfermos o la optimización de la colocación de trampas, así como para monitorear los niveles de agua.  

Asimismo, el uso de sensores y visión artificial está emergiendo como una herramienta valiosa. Los sensores de movimiento y actividad pueden medir patrones de locomoción, descanso y actividad nocturna. Los micrófonos direccionales pueden capturar vocalizaciones que indiquen dolor, estrés o enfermedades respiratorias. Las balanzas automáticas permiten un seguimiento individual del crecimiento. Los biosensores implantables y los wearables (collares, ear-tags) pueden transmitir datos de posición GPS, temperatura, frecuencia respiratoria y cardíaca. Todas estas tecnologías se integran a través de plataformas IoT (Internet de las Cosas), que generan alertas personalizadas en tiempo real (en smartphones o tablets) e informes automatizados, permitiendo una gestión remota y una toma de decisiones informada. La adopción de tecnologías de precisión en la ganadería extensiva puede transformar la gestión sanitaria, permitiendo una «ganadería de precisión» adaptada a la dehesa. Esto no solo mejora la eficiencia en la detección y respuesta a brotes, sino que también optimiza el bienestar animal y el uso de recursos, haciendo la producción más sostenible.   

Protocolos de tratamiento y minimización de síntomas

El tratamiento precoz e intensivo con antibióticos es crucial para prevenir secuelas crónicas y reducir la contaminación ambiental en caso de brotes de pasteurelosis. La elección del antibiótico debe basarse siempre en un antibiograma para asegurar la susceptibilidad de la cepa de Pasteurella multocida y evitar el desarrollo de resistencias. Es importante destacar que algunas cepas de P. multocida de origen porcino han mostrado resistencia a tiamulina, estreptomicina y tetraciclina. Los antibióticos comúnmente utilizados incluyen penicilina, ampicilina, amoxicilina, oxitetraciclina, trimetoprim/sulfamidas, enrofloxacina, florfenicol y tulatromicina.   

En cuanto a las opciones de administración y los desafíos en el sistema extensivo, el tratamiento individual inyectable, aunque efectivo, puede ser logísticamente complejo en la dehesa. La administración masiva de antibióticos a través del agua de bebida o el alimento puede ser una alternativa práctica para tratar a múltiples animales infectados o en brotes altamente contagiosos. Sin embargo, esta práctica presenta desafíos importantes: solo debe usarse si el tratamiento individual no es factible , y existe un riesgo considerable de desarrollo de resistencias si se utiliza de forma rutinaria o profiláctica. Además, en un entorno extensivo, puede ser difícil asegurar que todos los animales enfermos reciban la dosis correcta. Es imprescindible cumplir estrictamente los periodos de retiro establecidos antes del sacrificio de los animales tratados.  

Para la minimización de síntomas y terapias de apoyo, el tratamiento complementario con corticoides y vitaminas puede ser de gran ayuda para reducir la inflamación y apoyar la recuperación de los animales. Proveer electrolitos en el agua de bebida previene la deshidratación y mantiene el equilibrio electrolítico, especialmente en animales con fiebre o diarrea. Es fundamental recordar que el control de los patógenos primarios (como PRRS, gripe, Mycoplasma) es vital para minimizar la necesidad de antibióticos en los brotes de enfermedades respiratorias porcinas, ya que Pasteurella es a menudo un agente secundario. Finalmente, mejorar las condiciones ambientales (ventilación, humedad, temperatura) y evitar situaciones de estrés son cruciales para prevenir futuros brotes y reducir la gravedad de los síntomas.  

El dilema del tratamiento en extensivo radica en el equilibrio entre la eficacia inmediata y la sostenibilidad a largo plazo. La necesidad de tratar rápidamente la pasteurelosis choca con las dificultades logísticas del tratamiento individual en la dehesa. La administración masiva de antibióticos ofrece una solución práctica, pero introduce el riesgo de un uso no prudente, lo que puede llevar a la resistencia antimicrobiana. El énfasis en el antibiograma es clave para la eficacia, pero su obtención puede retrasar el inicio del tratamiento en un brote agudo. Por lo tanto, la estrategia de tratamiento en dehesa debe buscar un equilibrio entre la eficacia inmediata y la sostenibilidad a largo plazo. Esto implica priorizar el diagnóstico rápido (incluyendo antibiogramas de campo o envío urgente de muestras), considerar la metafilaxis estratégica solo cuando sea estrictamente necesario y bajo supervisión veterinaria, y reforzar todas las medidas preventivas (bioseguridad, manejo del estrés, nutrición) para reducir la dependencia de los antibióticos. La educación del ganadero sobre el uso responsable de los antimicrobianos es fundamental.

VII. Conclusiones y perspectivas Futuras

La pasteurelosis en el cerdo ibérico de montanera es una enfermedad multifactorial y compleja, cuya aparición y gravedad están intrínsecamente ligadas a la interacción de Pasteurella multocida con otros patógenos primarios (virales y bacterianos) y con factores de estrés ambientales y de manejo propios del sistema de dehesa. Los brotes estacionales observados en junio y septiembre son un claro reflejo de esta complejidad, impulsados por el estrés calórico del verano y el estrés de transición y manejo en la pre-montanera. La variabilidad antigénica de P. multocida y las limitaciones históricas de las vacunas comerciales refuerzan la necesidad de ir más allá de una única solución.

Las estrategias de control deben ser adaptadas a las particularidades de la dehesa, reconociendo que la bioseguridad en este entorno es una gestión de riesgos de interfaz, no una exclusión total. El manejo del estrés, la provisión de recursos esenciales como sombra y agua fresca, y una nutrición que refuerce la inmunidad son tan cruciales como las intervenciones sanitarias directas. La detección temprana de la enfermedad, apoyada por la observación constante del comportamiento animal y el potencial de nuevas tecnologías de monitoreo remoto, es vital para una respuesta rápida y efectiva. El uso de antibióticos debe ser prudente y responsable, siempre basado en diagnósticos precisos, incluyendo antibiogramas, y complementado con un robusto programa preventivo para mitigar el riesgo de resistencias antimicrobianas.

En el futuro, la investigación continua en vacunas más eficaces y de amplio espectro, así como en la comprensión de la epidemiología local de P. multocida en la dehesa, seguirá siendo fundamental. La colaboración estrecha entre ganaderos, veterinarios y científicos es indispensable para adaptar y aplicar las mejores prácticas, compartir conocimientos y desarrollar soluciones innovadoras que aseguren la salud y la sostenibilidad del preciado cerdo ibérico de montanera.

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